lunes, 18 de octubre de 2010

¿Afrodescendientes paisas?

Afrodescendientes en el San Pachito en Medellín - 2010
No solo visualmente sino en todo su esplendor y vitalidad cultural Medellín, una ciudad tradicionalmente asociada a una imagen "blanca" del mundo paisa, empieza a reconocerse diversa y enriquecida con la presencia e incorporación de afrodescendientes que, avenidos o nacidos en ella, hacen su vida como herederos de tradiciones ancestrales de la africanía en escenarios urbanos. De manera especial, en la ciudad empiezan a aparecer acercamientos a la novedad de afrodescendientes de segunda y tercera generación nacidos en la ciudad, muchos de los cuales cuentan igualmente con padres y madres medellinenses.

Tal presencia resulta sintomática pues en la tradición antioqueña hay un descase entre territorialidad y diversidad, marcado por un profundo regionalismo, el centrismo étnico que reclama su ancestralidad “blanca”, andaluza, vasca y hasta judia y que en menor medida acepta la procedencia indígena de los abuelos y abuelas, pero que desconoce su significación cultural; mucho más cuando se la vincula a la pertenencia étnica afrodescendiente.

Como evidencia, el lenguaje cotidiano resulta cargado del carácter discriminatorio y peyorativo con el que en Antioquia se puede ser tiernamente “negrita linda”, “Negrito querido”, “negrita”; pero también “¡negro!” despectivamente “negro hijueputa”, de manera esencialista “negro tenías que ser”, porque  el “negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida” y, en todo caso “negro ni mi teléfono” pues nada puede ser "mas ordinario que negro paisa", entre tantas otras; expresiones con las que se fija la identidad afrodescendiente en términos despreciativos y extraños a la cultura paisa, al tiempo que se cuestiona la pertenencia antioqueña de las y los afrodescendientes. 


En la lectura de la afrodescendencia, reclamarse afro y de Medellín parece una rareza producto más de la sorpresa de estar aquí que de la vinculación simbólica de la identidad étnica y de la diferencia cultural productoras de reconocimiento y reciprocidad, incluso para quienes aquí nacieron, de aquí son o hemos vivido aquí más tiempo que en cualquier otra parte. Por ello, advertir que no se ha nacido en la ciudad sino que la referencia originaria puede rastrearse a otro territorio, lleva consigo desvertebrar la estancia acrítica en la ciudad, el habitarla simplemente, para producir de un lado la sankofa: esa mirada retrospectiva que me lleva hacia adelante con la perspectiva personal y colectiva enraizada en el pasado. De otro lado, el situarse conscientemente en la ciudad, vivirla y gestarla desde el derecho a la ciudad, a la posesión de bienes en ella, al hacer una vida digna, a la reconstrucción simbólica ocurrida en el encuentro entre la cultura ancestral y la vida patrimonial urbana.

A consecuencia del desplazamiento y de la búsqueda de mejores condiciones laborales principalmente, desde 1940 se incrementó el flujo de habitantes del pacífico colombiano hacia Medellín, especialmente provenientes de Chocó, gracias a la apertura de la denominada "carretera al mar". En 2006, de acuerdo con el Diagnóstico Poblacional de las Comunidades Afrocolombianas en Medellín sumaban 133.082 los habitantes de la ciudad que se autorreconocen como afrodescendientes. Con todo, dicha cifra resulta abiertamente conservadora, mucho más cuando se miran las estadísticas de poblamiento de las comunas más populosas de la ciudad, ubicadas en las Zonas Nororiental y Centrooriental, en las que estimados de ONGs, académicos y organizaciones étnicas cifran en más de 500.000 los habitantes allegados y nacidos en la ciudad.

Con una presencia tan numerosa en la ciudad, las preguntas por la participación de los y las afrodescendientes de Medellín o afropaisas y su incorporación, asimilación, resistencia y lucha en este espacio urbano resulta problemática, reclamando condiciones ciertas para la realización no sólo de los derechos humanos, sino especialmente del derecho a la ciudad; siendo que,  al igual que en el resto del país, para la mayoría de los y las afropaisas las estadísticas acompañan una historia de pobreza, marginación, ocupación de terrenos catalogados como de alto riesgo (otros prefieren llamarlos de alta inversión), múltiples desplazamiento intraurbano, precariedad en la prestación de servicios públicos, cobertura en salud y desempleo.

De otro lado, si bien puede considerarse ambigua la percepción de muchos y muchas afrodescendientes nacidos en Medellín, interesados más en pasar desapercibidos y no hacer visible su pertenencia étnica, a consecuencia de los históricos procesos de blanqueamiento y autoinvisibilización aprendidos en el proceso colonial que vincula la africanía a la esclavitud; resulta significativo y de alto interés en perspectiva educativa, investigativa y organizativa el acercamiento a la población afrodescendiente joven nacida en Medellín, cuyos intereses, cosmovisión, vivencia de las tradiciones ancestrales, patrimonialidad cultural y vida cotidiana genera preguntas a la tradición e invención étnica, así como a la gestación de políticas públicas enmarcadas no en el tratamiento de tal segmento como población vulnerable a consecuencia de padecer desplazamientos sino como ciudadanos de Medellín, con los mismos derechos que los hijos e hijas de mestizos indoespañoles en ella, como paisas de nueva cepa.

Dado que para esta población no se trata de reconvertir la propia vida en la aventura de avenirse a Medellín sino de hacerse ciudadanos en un territorio que les pertenece, resulta problemático que la sociedad antioqueña sostenga los clichés manidos con los cuales aparece como dicotómico el ser paisa y afrodescendiente, advirtiendo de paso que ya no será posible la defensa y existencia de una única manera de vivir la afrodescendencia ni la tradición paisa; al menos no sin profundizar la invisibilización, la discriminación y el desconocimiento de quienes a sus hijos heredarán la ciudad junto a ls marcas identitarias ancestrales afrodescendientes.

Como en el poema satírico brasilero, resulta claro que en la ciudad ya no hay negros no, hoy todos somos ciudadanos. Tal ciudadanía, cultural e identitariamente cargada de diferencia, nutre la vida cotidiana de la ciudad, sus calles y sus barrios preguntando por su lugar en la distribución de los beneficios de pertenecer a la ciudad, aunque hoy las respuestas resultan precarias e insuficientes.

1 comentarios:

Yurany dijo...

Me gusto el articulo, es muy acertado

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