sábado, 25 de julio de 2009

Mundo digital con aulas analógicas


Es un hecho: "La tecnología moderna habría transformado la práctica de la cirujía hasta el punto en que (a un médico del siglo XIX que viajara hacia el futuro) le sería imposible comprenderla. Sin embargo, si un maestro de escuela de mediados del siglo XIX se trasladara en esa misma máquina del tiempo a un aula de hoy día podría continuar dando la clase que su colega hubiese interrumpido, excepto por algunos pequeños detalles".

Existe muy poca diferencia entre la forma en que enseñamos hoy y cómo lo hacíamos hace ciento cincuenta años. La tecnología no se utiliza tanto como en el quirófano. De hecho, según las investigaciones recientes del Departamento de Educación de Estados Unidos, el 84 % de los maestros norteamericanos consideran indispensable sólo un tipo de tecnología de la información: una fotocopiadora con suficiente suministro de papel.

Sin embargo, parece que por fin estamos alejándonos de un modelo de línea dura en la
enseñanza, que ha producido varias generaciones de niños compulsivos en serie, y vamos hacia uno más abierto, que no separa de manera tan tajante el arte de la ciencia, o el hemisferio derecho del izquierdo.

Cuando un niño utiliza un programa informático como Logo para hacer un dibujo en su
ordenador, la imagen es una expresión artística y matemática y puede verse como cualquiera de las dos. En la actualidad, incluso un concepto tan abstracto como las matemáticas puede utilizar componentes concretos de las artes visuales.

Los ordenadores personales formarán generaciones futuras de adultos más hábiles en las matemáticas y más versados en las artes visuales. Es muy probable que dentro de diez años los adolescentes puedan disfrutar de un panorama mucho más rico en opciones porque la balanza de la realización intelectual se inclinará en favor de abarcar una variedad más amplia de sistemas de conocimiento, patrones de aprendizaje y comportamientos expresivos más que en formar ratones de biblioteca.

Nicolás Negroponte
Ser digital

sábado, 18 de julio de 2009

Aun hoy ¿es posible aprender?


Quien lo creyera: Entre las y los docentes de hoy persisten personas que afirman categóricamente que existen niñas y niños que no pueden aprender.

¿Qué fundamento tiene esa afirmación?

En primer lugar, habría que preguntarse si existe una biología del no aprendizaje. Mutación, cambio, adaptación, transformación, son evidencias de una respuesta negativa. De otro lado, si observamos nuestro el proceso evolutivo y de maduración del cerebro humano, desde la concepción hasta la muerte, una de las labores fundamentales de este instrumento es aprender.

¡Aprendemos conciente e inconcientemente! Es parte de la naturaleza humana hacerse a aprendizajes.

Muy seguramente quienes afirmen que existen estudiantes que no pueden aprender lo que confirman es que existen docentes que no pueden enseñar. Esa es una verdad incontestable.

La enseñanza no es una actividad natural ni coincide necesariamente con la labor de docencia. ¿Parece extraño? Veamos: La docencia puede ocurrir independientemente del aprendizaje y no necesariamente implica enseñanza. Ejemplo de ello es el hecho de que durante muchos siglos ha existido una forma de docencia sin vínculo con lo que pasa en la cabeza y la vida de quien se somete, resignado, a ella.

Dotar de sentido la enseñanza, profesionalizar la docencia, significa hacer posible el aprender.No me cabe la menor duda.

sábado, 11 de julio de 2009

¿Por qué enfocarnos en los aprendizajes?


Uno de los debates fuertes con docentes y directivos afincados en concepciones tradicionales de la docencia y de la educación se centra en si se debe reconocer a los aprendizajes y al sujeto que aprende en la escuela como el eje vertebrador de las prácticas didácticas en el aula.

Lo que este debate refleja es que la nuestra, como toda otra, es época de cambio. Dicho en palabras de Jesús Salinas "Cada época ha tenido sus propias instituciones educativas, adaptando los procesos educativos a las circustancias. En la actualidad esta adaptación supone cambios en los modelos educativos, cambios en los usuarios de la formación y cambios en los escenarios donde ocurre el aprendizaje". (http://www.portaleducativo.hn/pdf/nuevos_ambientes.pdf)

Pues bien, creo que el aprendizaje hoy no está en debate y sí la docencia. ¿Qué significa enseñar en un contexto en el que niños y jóvenes necesitan aprender? Esta debería ser la pregunta que fundamente el debate por los cambios en la concepción de los modelos educativos, de los sujetos formantes y de los espacios de formación o educación hoy.

En tal sentido, ¿Las y los docentes estamos preparados y preparándonos para transformar prácticas inocuas que no producen aprendizajes? ¿Estamos fortaleciendo nuestra competencia y conocimiento en técnicas y estrategias didácticas?

Cierto es que la presión etaria diícilmente resulta reconocida por los adultos en la escuela. En buena medida, los cambios, transformaciones e innovaciones suelen provenir de los sujetos jóvenes en la escuela, antes que de los adultos. ¿Por qué? Conservadurismo y comodidad seguramente, antes que competencia o incompetencia.

El día de hoy urge de las y los maestros mejores conocimientos de su profesión. Es imperioso entender esto. El maedstro que no entienda, debería considerar seriamente el dedicarse a vender estampillas o dibujar paredes. ¿Muy duro este comentario? No; decepciona tener que hacerlo, pero hay que hacerlo.

Mag. Arleison arcos Rivas

domingo, 21 de junio de 2009

Educar para la identidad y la diferencia


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En la foto aparecen la Lic. Martha Teherán; docente y promotora de la actividad de reconocimiento de la afrocolombianidad y algunas de nuestras estudiantes afrocolombianas.
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El pasado 21 de mayo; un mes atrás, conmemorabamos un nuevo día para el reconocimiento de la identidad afrocolombiana.

Esta fecha es un compromiso para quienes portamos características identitarias afro, así como para quienes se acercan a decubrir la diferencia y las posibilidades de construcción de escenarios para el reconocimiento del otro, sujeto portador de su propia identidad.

Educar para la diferencia supone conocer la propia identidad, redescubrirla permanentemente con las y los otros. Identidad y diferencia son caras de la moneda étnica y no siempre se compaginan desde el respeto, la acogida honesta de la diferencia, la valoración de los aportes y contextos culturales y étnicos distintos.

a nuestra es también la apuesta por una escuela constructora de identidad y convivencia.



sábado, 6 de junio de 2009

¿Aun te preocupas por la información?

Seis y veinte en la mañana. Llega la profesora Derlina al salón de clases. Saluda. Les dice a sus niños qué van a aprender en esa hora. "Abran sus cuadernos", les dice.


Toma la tiza, mira el tablero sobre el que durante doce años ha escrito y borrado lo que, para ella, deben aprender sus estudiantes. Escribe la primera letra: I se queda pensando...

¿Saben qué muchachos? Les dice, apartándose del tablero.

¿Sabían que el primer computador que el ser humano inventó no cabría en este salón de clases? Inmediatamente todos sus estudiantes cerraron sus cuadernos.

¡Profe! -Grita Mario, un niño al que le gusta leer-, yo ví en la televisión que eso era un aparato grandísimo, con un poco de lucesitas y cintas.

¡Hum!; me imagino que ese computador era superpotente!

No te lo imagines, dijo Mariana. Profe, ¿Qué tal si vamos a la sala de informática y buscamos datos sobre este maravilloso invento?

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Así nació ese día una nueva escuela. Aquella en la cual la información no la administra el docente sino el deseo de saber de los estudiantes. Tanta más información cuanto mayor interés se despierte en el aula por ella.

¿Que a los niños y las niñas de hoy no les interesa aprender? ¿Que no quieren saber? Valdría la pena preguntarles a ellas y ellos qué les interesa, ¿No creen?

miércoles, 3 de junio de 2009

Homenaje a mis maestros

Con profunda gratitud y entusiasmo celebro la realización de este video, en el que aparecen dos de mis docentes de la Maestría en Ciencia Política.

¡Vivan los maestros y las maestras para los cuales la gloria no existe mas sí la ternura!

sábado, 30 de mayo de 2009

¿Estamos preparados para cambiar nuestra presencia en el aula?


Cuando nos preguntamos por el papel que juegan los computadores en el aula; si estos suplirán algún día la presencia del docente o si atrofian el desarrollo de la inteligencia, nos planteamos preguntas equivocadas que distorsionan el sentido de la escuela, el papel del maestro en ella y la función del saber que la escuela media.

Preguntas como éstas evidencian simplemente la necesidad urgente de reconciliar en la escuela y en las prácticas docentes la pedagogía, la didáctica y el saber adquirido en el dominio de una o varias disciplinas del conocimiento.

Me parece cierto que un buen computador, dotado de acceso a internet, messenger y encarta, resulta más útil que un maestro mal preparado, que no piensa lo que hace ni construye posibilidades de aprendizaje en el aula.

Dicho esto, no creo que pueda reemplazarse a un maestro equipado con conocimientos disciplinares sólidos, competente en el uso y la implementación de estrategias audiovisuales y comunicacionales, conocedor de internet y sus posibilidades, estratégico para vincular el mejor saber disponible en donde esté y la comunicación que sólo entre humanos se produce. Sólo ese maestro no podrá ser cambiado fácilmente.

A un buen maestro no lo saca nadie de la escuela.

Internet, las aplicaciones multimedia, los juegos de roles, las enciclopedias de reciente generación, los simuladores geométricos o en otras áreas, entre otras posibilidades que la implementación de medios informáticos favorece, hacen posible una relectura de la función magisterial en favor de la pasión docente por propiciar aprendizajes.

Estoy convencido que la escuela requiere maestros que sepan. Los niños y las niñas requieren aprender y que les enseñen a aprender. Los medios, entre ellos los informáticos, sólo sirven a su propósito en la este escenario cuando vinculan el saber pedagógico y didáctico del docente con el perfeccionamiento de aprendizajes en los escolares.

Muy a mi pesar, debo aceptar que las y los maestros aun no hemos transformado nuestra presencia en el aula. Afortunadamente, para las y los maestros que nos creemos y nos queremos mejores en el aula que todos los medios audiovisuales, multimedia e informáticos juntos, no es tarde todavía.

sábado, 23 de mayo de 2009

Maestros para la sociedad del conocimiento


Hay una verdad incontestable: Los ordenadores no producen conocimiento. Al menos no por sí solos.

De hecho, nunca como hoy se ha hecho necesario un sujeto con habilidades para orientar procesos de aprendizaje en la escuela. Ese sujeto e el maestro. El maestro o la maestra se han convertido en el eje vertebral del proceso escolar. Ello no quiere decir que el docente haya desplazado nuevamente al estudiante. Nada más lejano a la realidad.

El maestro se ha resituado; al menos conceptualmente, y se espera que también en sus prácticas. Estas nuevas prácticas le hacen responsable de que los estudiantes aprendan y no simplemente que se instruyan. Ahora no se trata de que el maestro sepa más; incluso puede saber menos pero saberlo bien; producir formas de acercamiento al mejor saber disponible, reconocer los medios informacionales y comunicacionales disponibles y favorecer su reconocimiento.

De igual manera la escuela ha ganado protagonismo, aunque a veces no se entiendan sus enormes potencialidades. En este espacio se recrea la vida y se producen aprendizajes; ¡casi nada! Cierto es que "la escuela debe ser el espacio en el cual se permita el liderazgo educativo y el desarrollo de las capacidades de los maestros en sus actividades principales como pedagogos". Esta relación es fundante. El maestro en la sociedad del conocimiento se ha hecho lider. De nuevo experto: No en un saber enciclopédico e ilustrado que él y sólo él domina; sino un profesional competente en didácticas. Su nueva labor no le hace "decidor" o "dictador" sino orientador, facilitador, un sujeto habil para propiciar oportunidades de aprendizaje. Un maestro con la habilidad de leer la escuela con los ojos abiertos de un niño; sólo ese, puede contribuir a producir aprendizajes.

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